miércoles, 6 de mayo de 2015

Versalles, de Luis XIII a la Revolución



LUIS XIV: un ejemplo de monarca absoluto


       
       
       Aunque había heredado el trono siendo un niño, Luis XIV ejerció el gobierno directamente desde los 23 años, en 1661, hasta su muerte en 1715. Durante su largo reinado consolidó su poder, se impuso sobre los nobles y controló el ejército y la economía. En materia religiosa persiguió a los protestantes y afirmó el catolicismo.
       Durante su gobierno se terminó de construir el palacio de Versalles. Sede del gobierno y de la Corte, el palacio era símbolo de la concentración del poder político y del dominio sobre la nobleza.
       La Corte, además de nuclear a los nobles en torno al rey, cumplía también un rol político. Estaba integrada por los nobles más importantes de Francia, quienes vivían según un ceremonial reglamentado como un mecanismo de relojería: la etiqueta. En las fiestas, los juegos y las representaciones teatrales, los nobles cortesanos dilapidaban su fortuna. Luis XIV logró así domesticar a la nobleza, haciendo que ésta perdiera sus intereses políticos y militares y dócilmente aceptara cargos, pensiones o regalos.
       Versalles era también sede del gobierno de Luis XIV. El monarca nombraba ministros y miembros de los Consejos que se encargaban de distintas actividades: guerra, finanzas, asuntos extranjeros y palacio. Para controlar y centralizar el territorio del Estado, el rey designaba directamente intendentes. Fue muy cuidadoso en el nombramiento de los funcionarios.
       En política exterior, a través de la diplomacia y de la guerra, Luis XIV pretendió imponer la hegemonía de Francia en Europa. El ejército estaba compuesto en su mayoría por mercenarios.
       Los gastos de la Corte, de la administración y del ejército eran financiados mediante el cobro de impuestos.


Imágenes del Palacio de Versalles

Frente del Palacio

Imagen de época
Allé Royale

Vista de la Allé Royale y del Gran Canal


Galería de los Espejos
Capilla real
Ventana del cuerto del rey


sábado, 2 de mayo de 2015

EL ABSOLUTISMO (siglos XVI-XVIII)

1.   Concepto

“Existe cuando el rey posee de hecho y de derecho los atributos de la soberanía: el poder de hacer las leyes, de administrar justicia, de percibir impuestos, de tener un ejército permanente, de nombrar a sus funcionarios, de hacer juzgar los atentados contra el bien público.”
R. Mousnier, “Los siglos XVI y XVII”

“Se ha llamado absolutismo monárquico al sistema político vigente en Europa entre los siglos XVI, XVII y XVIII, caracterizado esencialmente por la concentración de todos los poderes de forma ilimitada, es decir, sin tener que sujetarse a ninguna otra persona, ley o reglamento.
Aunque el absolutismo se manifiesta con mayor precisión en las primeras décadas del siglo XVII, empezó a gestarse en el transcurso del siglo XVI.
Desde la época medieval, la monarquía consistía en un sistema de gobierno caracterizado por depositar el poder en una sola persona y trasmitirlo por herencia dentro de una misma familia dinástica.
Las dinastías europeas estaban relacionadas por lazos de parentesco porque, por razones de interés político y económico, se efectuaban matrimonios, destinados a heredar los tronos de los diferentes países. Pero al margen de sus propósitos originales, estas alianzas matrimoniales ocasionaron fuertes problemas de sucesión y muchas veces sirvieron de pretexto para que una nación dominara a otra.”




2.   Características esenciales

  • Ubicación temporal: Período comprendido entre los siglos XVII y XVIII.

  • Concentración de poderes en una sola persona. Todos los poderes del Estado se concentran en un monarca, dotado de fuerte personalidad, con gran capacidad y preparación para ejercer el poder de manera eficiente.

  • Justificación religiosa. Se apoya en el derecho divino de los reyes, respaldado por los diversos niveles de la jerarquía eclesiástica, católicos principalmente

  • Situación de crisis. Se presenta en momentos de crisis en que coinciden al mismo tiempo conflictos de diversa índole: social, política, económica, religiosa.

  • Necesidad de orden interno. Esta característica, ligada a la anterior, se refiere a la necesidad de garantizar el orden interno, para alcanzar el desarrollo económico y enfrentar las amenazas del exterior

  • Formación de una burocracia. Se crea y fortalece una nueva burocracia integrada por funcionarios extraídos de la baja nobleza que desplazan a la alta nobleza, la cual atraída por el monarca hacia la vida cortesana, es marginada de la vida política e incluso desatiende sus antiguos deberes locales como señor feudal

  • Fortalecimiento del ejército. Las numerosas guerras internacionales del período obligan a los monarcas a fortalecer el ejército y aumentar el número de soldados, para lo cual recurre a la contratación de mercenarios.

  • Participación de los estamentos. Se da una escasa o nula participación de los grupos estamentales organizados en Asambleas, Estados Generales o Parlamentos, organismos que en ocasiones son incluso disueltos por los monarcas.

Mc. Nall Burn, E: “Civilizaciones de Occidente"


3.   Justificaciones: los teóricos del Absolutismo


A) Nicolás Maquiavelo (1469-1527)


"El Príncipe" (Publicado en 1532)

“Un príncipe no debe entonces tener otro objeto ni pensamiento ni preocuparse de cosa alguna fuera del arte de la guerra y lo que a su orden y disciplina corresponde, pues es lo único que compete a quien manda (…). En lo que atañe a la acción debe, además de ejercitar y tener bien organizadas sus tropas, dedicarse constantemente a la caza, con el objeto de acostumbrar el cuerpo a la fatiga y de conocer a la naturaleza de los terrenos (…).
En cuanto al ejercicio de la mente el príncipe debe estudiar la Historia, examinar las acciones de los hombres ilustres, ver cómo se han conducido en la guerra, analizar el por qué de sus victorias y derrotas para evitar éstas y tratar de lograr aquellas (…).
Por lo cual es necesario que todo príncipe que quiera mantenerse aprenda a no ser bueno. Por lo tanto, un príncipe no debe preocuparse porque lo acusen de cruel, siempre y cuando su crueldad tenga por objeto el mantener unidos y fieles a los súbditos; porque con pocos castigos ejemplares será más clemente que aquellos que, por excesiva clemencia, dejan multiplicar los desórdenes, causa de matanzas y saqueos que perjudican a toda una población (…).
Surge de esto una cuestión si vale más ser amado que temido o temido que amado. Nada mejor que ser ambas cosas a la vez; pero puesto que es difícil reunirlas y que siempre ha de faltar una, declaro que es más seguro ser temido que amado (…). Los hombres tiene menos cuidado en ofender a uno que se haga amar que a uno que se haga temer, porque el amor es un vínculo de gratitud que los hombres perversos por naturaleza, rompen cada vez que pueden beneficiarse; pero el temor es miedo al castigo que no se pierde nunca (…).
Conviene que el príncipe se transforme en zorro y en león, (…) hay que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos. (…) El que mejor ha sabido ser zorro, ha triunfado. Pero hay que saber disfrazarse bien y ser hábil en fingir y disimular. Los hombres son tan simples y de tal manera obedecen a las necesidades del momento, que aquel que engaña encontrará siempre quien se deje engañar (…)
No es necesario que un príncipe tenga todas las virtudes (…) y hasta me atreveré a decir esto: Que al tenerlas y practicarlas siempre es perjudicial, y el aparentar tenerlas es útil. Está bien mostrarse piadoso, fiel, humano, recto y religioso y asimismo serlo efectivamente, pero se debe estar dispuesto a irse al otro extremo si ello fuera necesario. Un príncipe (…) a menudo, para conservarse en el poder, se ve arrastrado a obrar contra la fe, la caridad, la humanidad y la religión. Es preciso que tenga una inteligencia capaz de adaptarse a todas las circunstancias (…).
Trate pues un príncipe vencer y conservar el Estado, que los medios siempre serán honorables y loados por todos, por que el vulgo se deja engañar por las apariencias y por el éxito (…).
Y un príncipe debe temer dos cosas: en el interior, que se le subleven los súbditos; en el exterior, que lo ataquen las potencias extranjeras (…). Los Estados bien organizados y los príncipes sabios siempre han procurado no exasperar a los nobles y, a la vez, tener satisfecho y contento al pueblo. Este es uno de los puntos a que más debe atender un príncipe.”

B) Jacobo Bossuet (1627- 1704)



“Política según la Sagrada Escritura”



       No existe forma de gobierno, ni institución humana alguna que no presente inconvenientes; de tal suerte que se debe seguir con el mismo tipo de gobierno al que un largo tiempo de vivencia ha acostumbrado al pueblo. Este es el motivo por el cual Dios toma bajo su protección a todos los gobiernos legítimos, sea cual sea la forma que hayan adoptado; aquél que emprende la acción de derrocarlos, no es tan sólo un enemigo público, sino también un enemigo de Dios (…)

       Únicamente al Príncipe incumbe velar por el bienestar del pueblo; éste es el primer artículo y el fundamento sobre el que se basan todos los demás, a él competen los decretos y las ordenanzas, él compete otorgar las marcas de distinción; no puede existir poder alguno que no dependa de él; ni asamblea alguna que exista si no es contando con su visto bueno.

       Así es cómo a favor del bienestar de un Estado, se deposita en una misma mano todo el poder. El desperdigar dicho poder es dividir el Estado; es darse al traste con la paz pública, es dar paso al advenimiento de dos amos, en contra de ese oráculo del Evangelio: “Nadie puede servir a dos amos a la vez (…).

       Por su condición, el Príncipe es el amo del pueblo; su grandeza y su propio y lógico interés se basan en que el pueblo sea conservado (…).

       La majestad es la imagen de la grandeza de Dios reflejada en la persona del príncipe. Dios es infinito. Dios lo es todo. El Príncipe, en tanto que tal, no es considerado como un hombre particular, es un personaje público, todo el Estado está en él y la voluntad del pueblo está contenida en la suya. De la misma forma que en Dios se juntan toda perfección y toda virtud, todo el poderío de los particulares está contenido en la persona del Príncipe.

       ¡Cuánta grandeza que un solo hombre pueda reunir tanta! El poder de Dios se hace sentir en un cerrar y abrir de ojos de una extremidad a otra del mundo; el poder real actúa simultáneamente en todo el reino. El poder real tiene entre sus manos todo el reino, de igual forma que Dios tiene entre las suyas el mundo entero.

       Que Dios retire su mano y el mundo volverá a la nada, que la autoridad del Príncipe deje de hacerse sentir en el reino, y todo se abismará en la mayor confusión.

       Parémonos a contemplar al Príncipe en su gabinete de trabajo. De ahí emanan las órdenes que hacen ir de concierto a los magistrados y a los soldados, a las provincias y a los ejércitos por mar y por tierra. Es la imagen de Dios quien, sentado en su trono en lo más alto de los cielos, guía con mano fuerte toda la naturaleza.

Origen divino de la monarquía

  1.  La autoridad real es sagrada.
  2.  Dios establece a los reyes como ministros suyos y reina por medio de ellos sobre los pueblos.
  3.  La persona de los reyes es sagrada y cometer atentados contra ellos es sacrilegio.
  4.  Se debe obedecer al rey por principio de religión y en conciencia.
  5.  Los reyes deben respetar a su propia potestad y emplearla solamente en el bien Público.


miércoles, 18 de marzo de 2015

EL RENACIMIENTO

El Renacimiento no es reflejo de un renacer de toda la sociedad en todos los aspectos, sino que, por el contrario, es un hecho cultural de gran magnitud, cuyos efectos actúan cada vez con mayor fuerza, con repercusiones cada vez más amplias, pero en forma gradual y a medida que avanza el tiempo.
El verdadero sentido del término Renacimiento se encuentra únicamente en el terreno de la cultura: es un hecho de cultura, una concepción de la vida y de la realidad, que actúa en las artes, en las letras, en las ciencias y en las costumbres, sin que a este florecimiento cultural le corresponda ningún momento feliz ni en política ni en economía. A la par que en todas las cortes italianas la pintura, la escultura y la arquitectura alcanzan su máximo esplendor, al mismo tiempo que la producción literaria se hace cada vez más refinada y se formulan ideales educadores de singular altura, la economía ciudadana sufre grandes sacudidas, el desarrollo industrial queda estancado, la libertad comunal desaparece y la Iglesia se corrompe cada vez más.
En otras palabras, si se quiere hablar de renacer, de despertar, de vida nueva, y precisamente en Italia, donde el fenómeno nació y se desarrolló de manera más vistosa, hay que hacerlo únicamente en el terreno cultural: esta renovación positiva parece actuar sólo en este sentido, sin inmediata correspondencia con otros planos en los que existen cambios y a veces muy profundos, pero no todos, o al menos en aquel momento, positivos.”

H. Puigdomènech, “Historia universal”, Tomo 11, “Baja Edad Media y Renacimiento"


El pensamiento renacentista

     El Renacimiento se manifestó a través de gran cantidad de obras literarias, artísticas y científicas y estuvo caracterizado por:
 
*   La exaltación del hombre y la naturaleza. La naturaleza podía ser analizada y comprendida; a su vez, el hombre se reubicó en el centro del universo y la vida.

*   La aspiración de gozar los placeres de la vida terrena, el poder, la riqueza y el amor.

*   En lo intelectual, se hacen sentir cambios en el pensamiento y en las artes, la cultura ya no es exclusividad del clero; los laicos acceden a ella, siendo la burguesía la clase que más disfruta de sus beneficios.

*   El Renacimiento trae un nuevo concepto de felicidad, que debe buscarse en esta vida y no en la vida después de la muerte.

*   El hombre del Renacimiento es esencialmente individualista; se centra en su yo, en su ambición personal y se siente creador de su propio destino.

*   El no conformismo los lleva a rechazar las explicaciones tradicionales admitidas.


lunes, 9 de marzo de 2015

Para entender el feudalismo


La Edad Media


     La Edad Media es el período que se extiende entre los siglos V y XV, aunque como en los demás períodos de la Historia, no es fácil establecer los cortes que la diferencien de la época anterior -la Antigua- o la posterior -la Moderna-.
     El nombre de Edad Media fue propuesto por los historiadores de la Época Moderna, ubicada entre la Antigüedad clásica que admiraban y los tiempos Modernos, en los que ellos vivían. Estos siglos fueron llamados también los tiempos oscuros. Poco se sabía de su historia y se desvalorizaban sus creaciones culturales. Hoy en día,los estudios e investigaciones han avanzado y hemos aprendido a valorar los aportes de esta etapa, tan rica en sus expresiones artísticas, económicas y religiosas.
     Los diez siglos de duración que tiene la Edad Media no significan un período uniforme. Entre los siglos VI y X, coexisten tres civilizaciones en el área mediterránea. A fines del siglo X, las invasiones sobre Europa marcan un cambio importante comenzando la etapa del feudalismo. A partir del siglo XII, en Europa se empiezan a producir los cambios que llevarán a la conquista del mundo.

LAS INVASIONES DE LOS SIGLOS IV Y V
     Durante mucho tiempo, el Imperio Romano fue asediado por los pueblos que vivían fuera de sus fronteras, y que de tanto en tanto incursionaban en su terriotorio, llamados germanos o bárbaros. Durante el siglo IV, las invasiones de los germanos fueron cada vez más frecuentes, empujados a su vez por los Hunos, un pueblo nómade procedente del Asia central. Todas las medidas para la defensa del Imperio no pudieron impedir que los bárbaros atacaran Roma en más de una oportunidad. Se fueron instalando pueblos como los francos, visigodos, ostrogodos, lombardos, vándalos, burgundios, sajones, anglos y alamanes. En el año 476, el emperador romano Rómulo Augusto fue destronado, marcando el fin del Imperio Romano de Occidente. En el territorio romano se crearon numerosos reinos, llamados reinos romano-germánicos. La parte oriental del Imperio, cuya capital fue Constantinopla, no sufrió estas invasiones.

Mapa europeo luego de las invasiones 




LA EUROPA FEUDAL

     Durante el siglo X Europa fue nuevamente asolada por pueblos invasores. Desde el norte y por mar, llegaron los normandos o vikingos; por el este los húngaros y desde el sur los sarracenos. Los europeos se sintieron amenazados por estos pueblos no cristianos.
     No había ningún poder político capaz de enfrentar estas invasiones. Los reyes europeos empezaron entonces a subdividir sus tierras. La gente, campesinos en su mayoría, prefería buscar el amparo de alguno de los señores nobles que comenzaron a construir sus castillos para organizar su poder y su defensa.

La sociedad feudal

     La sociedad feudal se configuró en Europa a partir del siglo X y muchas de sus características sobreviven hasta el siglo XVIII. Siendo un continente mayoritariamente cristiano, la organización social se explicaba por la interpretación de la Iglesia. En estos siglos se definieron tres grupos sociales (llamados órdenes) diferenciados por sus funciones, obligaciones y poder.

Los tres órdenes

Los tres órdenes


La pirámide social medieval
La Iglesia: el primer orden


     Frente a los ataques de los invasores, los habitantes europeos se sintieron abandonados por sus gobernantes. No sabían a quien dirigirse en busca de ayuda y protección. La Iglesia aparecía como el único factor de estabilidad y continuidad. Así el clero se fue organizando como el primer orden: los que se dedican a la oración. Los monasterios se transformaron en lugares a donde la población recurría en momentos de escasez de alimentos o buscando protección. Muchos actividades fueron confiadas a la Iglesia, como la justicia o la enseñanza.


La nobleza: el segundo orden


     La nobleza basaba su poder en la tenencia de la tierra y en la posibilidad de cobrar impuestos a los campesinos que vivían en sus campos. Acapararon el poder de los reyes que no podían formar un ejército eficaz para detener las invasiones. Conformaron así el segundo orden: aquellos que se dedicaban a la lucha.
     Son dueños de un feudo, o sea, una tierra concedida al vasallo por su señor. Ambos son nobles y se establece entre ellos un contrato: el vasallo recibe del señor un feudo; a cambio, presta servicio militar a su señor.




Catillo de Dover (Inglaterra)


El tercer orden


     Todos los que trabajan forman parte del tercer orden. La mayoría son campesinos. Representan los 9/10 de la población europea. Viven en chozas de madera con techos de paja, agrupados en pequeñas aldeas cercanas a los castillos.
     Entre los campesinos había cierta diferencia entre los que eran libres y los siervos o semi-libres.
     Como los campesinos trabajaban las tierras del señor, debían pagar impuestos con una parte de la cosecha. Además, el señor exigía la utilización del horno, el molino o el lagar, que eran de su propiedad, por lo que debían pagar con una parte de lo producido. Los bosques también eran propiedad del señor feudal, por lo tanto también se debía pagar por su uso.
     Además de todo esto, la Iglesia cobraba al campesino el diezmo.


Organización del feudo

Información extraída del libro "Pensar la Historia 1"